POR EL CAMINO DE EMAÚS

VITAMINAS PARA EL CORAZON,

POR EL CAMINO DE EMAÚS

 

De los relatos de encuentros del Señor Resucitado con sus discípulos, el de Emaús es el más detallado y hermoso.

 

Volver a escuchar y reflexionar en este relato nos ayudará a recuperar actitudes que teníamos olvidadas o perdidas, ya que también nosotros conocemos ese camino de desánimo por donde iban los dos caminantes.

 

Esos dos discípulos van por ese sitio desconsolados y afligidos. Pero aunque nos sintamos así, Dios nos busca. Se las arregla para encontrarnos discretamente en el camino de la vida. Dios nos da alcance cuando huimos.

 

Y nos hace la misma pregunta: “¿Qué cosas tan tristes conversan por el camino?” (Lc 24,17.) Tal vez responderíamos: hablábamos de la violencia e inseguridad, de la droga y asesinatos, de la crisis económica, de los problemas familiares, del precio de los combustibles, de la corrupción en el gobierno, de las campañas políticas anticipadas, etc.

 

Los discípulos responden con la frase que asoma a los labios del que se siente derrotado: “…nosotros esperábamos…” (Lc 14,21).

 

¿Estos discípulo son realistas o se sienten incapaces de pagar el precio de la fe? Se sienten estafados. Piensan que el Señor les ha tomado el pelo cuando les anunciaba su victoria y por eso vuelven a lo mismo de antes; lo habían dejado todo para seguir a Jesús y ahora vuelven derrotados como cucarachas.

 

¡Cuántas ilusiones perdidas! ¡Cuántos proyectos fracasados! ¡Cuántos ideales olvidados! Cuando no esperemos nada, cuando el pesimismo nos vence, estamos muertos en vida.

 

Pero hay que examinar lo que uno espera y cómo lo espera: si esperamos cosas triviales (pasarla bien, más dinero para derrochar, fama, poder, prestigio) y resultados fáciles (con el mínimo esfuerzo), puede que esperemos por mucho tiempo hasta cansarnos.

 

Yo esperaba una Iglesia profética, con el valor y la autoridad moral de denunciar las injusticias, pero me encuentro una Iglesia cómoda cuyos autoridades en vez de denunciar las injusticias y la corrupción, brindan en algunas reuniones con los corruptos que todos conocemos. Esperaba una Iglesia coherente que, antes de señalar el pecado en la sociedad, lo señalara al interior y se esforzará sinceramente en su conversión.

 

Pero ahora entiendo que esta forma de esperar es hipócrita de mi parte, pues se convierte en un pretexto para mi mediocridad, en una forma evasiva de echarle la culpa a los demás y no hacer nada al respecto por cambiar esas situaciones desde el interior.

 

Si estás esperando algo, trabaja con fe y perseverancia para lograr que suceda. Si estás esperando que tu familia mejore, da lo mejor de ti mismo para que el milagro suceda. Si estás esperando que tu pareja te comprenda, haz el esfuerzo por comprenderla primero. Si deseas que las cosas en el trabajo mejore, sé más puntual, más responsable, más dedicado, da el ejemplo.

 

Si quieres que las cosas mejoren, comienza mejorando. No podemos darnos el lujo de decir “Nosotros esperábamos…” Debemos decir “Nosotros esperamos”, porque lo hacemos trabajando y no cómodamente sentados.

 

Pero eso es lo que nos cuesta entender y aceptar. Por eso Jesús les explica a los caminantes: “El Mesías tenía que padecer…”(Lc 24,26) La victoria tiene un precio y se llama sacrificio. Es la lógica de la semilla: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere permanece solo, pero si muere da mucho fruto” (Jn 12,24).

 

Siempre me sorprendió el fuerte reproche que les hace antes de explicarles las Escrituras: “¡Qué necios y torpes son!”(Lc24,25). Es que su ignorancia es “voluntaria”, tienen todo para comprender, pero no hacen el esfuerzo. Tenemos la Biblia y no sabemos qué hacer con ella. Tenemos tiempo y lo mal empleamos. Tenemos al Espíritu Santo desde el día de nuestro bautismo y lo sub-utilizamos.

 

Las estadísticas nos dicen que solo el 8% de nuestros católicos asisten a la misa dominical. El 92% restante son “católicos nominales”, es decir, católicos de nombre. Y de ese 8%, ¿cuántos salen realmente con sus corazones encendidos después de la misa? ¿Cuántos “vuelven a Jerusalén” con entusiasmo y alegría, es decir, a su hogar o al trabajo, a contar más que con palabras, con su ejemplo, que se han encontrado con el Señor resucitado?

 

Cualquier parecido de nuestra vida con el relato de Emaús, no es pura coincidencia. Jesucristo sigue estando con nosotros, al igual que caminaba al lado de Cleofás y su compañero, pero nos sigue costando mucho reconocerlo.

 

Por lo menos la tristeza de los discípulos de Emaús es, en cierta forma, justificada, pues pensaban que Jesús estaba muerto. Pero la nuestra, a sabiendas de que Jesús vive, ¿es comprensible o legítima?

 

No se trata de ver algo nuevo, sino de ver con ojos nuevos lo que siempre vemos, para que en lugar de entristecernos, más bien encontremos motivos para luchar y mejorar lo que somos y tenemos.

 

Que Dios les bendiga

Su hermano, José Jesús Mora

 

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TESTIGOS DORMIDOS

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VITAMINAS PARA EL CORAZON

Lunes de la Octava de Pascua

Después de haber escuchado con gozo, una vez más la gran noticia: “¡La muerte ha sido vencida, Cristo ha resucitado!”, las lecturas de este tiempo nos van a narrar las apariciones del Señor a sus discípulos.

Estos textos se convierten en pruebas fehacientes de este hecho histórico, salvífico y trascendental.

Una de las principales pruebas de que es un hecho histórico y no un invento es que sus discípulos se resisten a creer, se vuelven escépticos ante el relato de las mujeres.

Si hubiera sido una ilusión óptica o una tomadura de pelo, se hubieran esmerado en detallar de forma fantástica lo sucedido.

Sin embargo, no existe ningún detalle de cómo resucitó, porque no hubo nadie allí.

Y la versión, difundida entre los judíos hasta el día de hoy, de que el cuerpo fue robado por los discípulos, no tiene consistencia:

“Algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: “Digan así: ‘Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos’. Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo”. Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy” (Mt 28,11-15)

Corren así desde el mismo día dos versiones: una cierta y otra engañosa, una verdadera y otra mentirosa, que quieren ser dueñas de nuestro corazón.

La versión de los apóstoles se alimenta del testimonio inmediato de aquellos que vieron la tumba vacía y se encontraron con el Resucitado; la versión de los sumos sacerdotes se alimenta del engaño tramado por el temor y el odio.

La versión genuina cuenta con el poder del Espíritu Santo; la falsificada, con el poder del dinero y las calumnias humanas. La primera trae la noticia novedosa del perdón; la segunda, la noticia repetida de la envidia. Ahora cada quien tiene que escoger.

El fracaso de los argumentos contra la Resurrección es más que evidente: recurren a “testigos dormidos”. “¡Oh infeliz astucia! –exclama San Agustín– cuando estaban durmiendo, ¿cómo pudieron ver? Si nada vieron, ¿cómo pueden ser testigos?”.

Causa mucha gracia la poca inteligencia de estos mentirosos que tratan de presentarnos a los apóstoles como unos “Ninjas” robándose el cuerpo de Jesús.

Paradójicamente, son los enemigos de Jesús los que sí dan crédito al nuevo hecho, pues ni siquiera se extrañan. Están ante un nuevo prodigio de ese “impostor” y tendrán que recurrir a la mentira para seguir tratando de ahogar la verdad.

Los más sorprendidos son los guardias, que al suceder ese prodigio extraordinario, cuando ya se les pasó el susto, seguramente discutirían cómo explicarían a sus superiores que el “muerto” se les “escapó”.

Huir era un suicidio, pues al desertor de la milicia romana sólo le esperaba como castigo la muerte.

Así que no acudieron a sus superiores militares, sino a las autoridades judías. Y al contarle lo sucedido, no sólo se extrañan de no recibir un castigo, sino que lo que reciben es un soborno como premio, para empezar a difundir una mentira (el “sobre bajo la mesa” es una vieja práctica). El dinero es, en algunas ocasiones, aliado de la muerte y la mentira.


A pesar de esto, las mujeres, que han acudido al sepulcro, parten de allí para difundir la noticia más hermosa y más cierta: Cristo ha resucitado. Su valentía, al acompañar a Jesús aún cuando sus apóstoles le han abandonado, se ve premiada por la primicia que el Señor les concede, convirtiéndolas en “Apóstoles de los Apóstoles”.

Pero la Resurrección no se puede reducir a una noticia, por muy buena que sea. Es una fuerza de vida que debe correr por nuestras venas transfigurando lo que somos y lo que hacemos.

Es por eso que la mentira de los sacerdotes judíos que sobornan a los guardias no podrá destruir ni el hecho ni el anuncio gozoso de esa gran verdad.

Cuando el gozo de la resurrección se lleva por dentro, ninguna amenaza exterior nos lo puede robar.

Que Dios les bendiga

Su hermano, José Jesús Mora

CITA CON EL POLVO

miercoles de ceniza

VITAMINAS PARA EL CORAZON

MIERCOLES DE CENIZA

Inició la Cuaresma: un gran Retiro Espiritual en que la Iglesia se convierte en una “Gran Fábrica de Reciclaje”, puesto que nos hemos dañado a nosotros en nuestra propia rebeldía y el pecado ha deformado la imagen de Dios en nosotros.

CITA CON LA CENIZA

Siempre me ha asombrado el poder de convocatoria de la ceniza. En este día los fieles (hasta los más infieles) acuden masivamente a la Iglesia a colocar en sus frentes un signo poco estético, pero muy significativo: la ceniza.

Los hay quienes acuden por tradición (“siempre lo he hecho así”); otros por superstición (“tal vez me trae buena suerte o me quita la mala”); otros dándole el pleno y correcto sentido a este rito: reconocer humildemente que SIN DIOS, NO SOMOS MAS QUE POLVO Y CENIZA, una ceniza soberbia y vanidosa, pero a fin de cuentas, sólo eso: cenizas. Es aquello en lo que nos convertimos cuando le damos la espalda a Dios.

Pero es Dios mismo quien no se conforma con que seamos cenizas, y por eso nos ofrece el camino de la conversión y de la gracia, del perdón y de la restauración. Es la oportunidad de resurgir de las cenizas del pecado a la vida renovada de la gracia. No es necesario que en el momento de la homilía el cura saque de por ahí una calavera para recordarnos la urgencia de la conversión. Basta con que reflexionemos un poco para reconocer que nos hemos equivocado y que hemos perdido el camino de la vida, el camino de Dios.

La advertencia para todos es que la ceniza no actúa de forma mágica. Este gesto exterior tiene que coincidir con una disposición interior a cambiar de vida, a dejar el “hombre viejo” para revestirnos de la novedad que es Cristo Jesús: “Conviértete y cree en el Evangelio”.

Hoy es un día para decirle al Señor: “Es cierto, Señor, el orgullo y la soberbia me ha hecho olvidar que soy tierra. Pero hoy, esta tierra quiere volver a recibir de ti el aliento de la vida”.

EL PROGRAMA DE CONVERSIÓN

El Señor no sólo nos hace un llamado “general” a la conversión, sino que nos da los elementos concretos que nos ayudarán y que a la vez son signos de una sincera conversión: la limosna, la oración y el ayuno.

La limosna: No se trata simplemente sacar dinero de la cartera o de la billetera. Tendríamos que comenzar a sacar primero los rencores y la envidia del corazón. Evidentemente, la limosna como tal es un acto de caridad agradable a los ojos de Dios por el cual tomamos conciencia de que nuestro deber como cristianos es compartir un poco de lo que Dios nos ha dado.

Decía San Basilio que “al que se apodera del vestido de otra persona se le llama ladrón; pero el que no viste al pobre y puede hacerlo, ¿no merece el mismo nombre?”. Un poco fuerte, pero cierto. En el acto penitencial de la misa confesamos que hemos pecado de “palabra, obra y omisión”. Aunque lo decimos muy aprisa, es bueno recordar que la omisión, como pecado, consiste en el bien que pudimos hacer y no hicimos por egoísmo, indiferencia o comodidad.

La Oración: Debemos superar esa falsa idea de pensar que cuando oramos le estamos haciendo “un favor” a Dios. Los necesitados y beneficiados de la oración, somos nosotros. Orar deberíamos sentirlo tan necesario como comer o respirar. Porque uno vive como reza y reza como vive.

En cuaresma, queremos no sólo intensificar nuestro tiempo de oración, sino orar mejor, es decir, dejar que en la meditación o contemplación Dios nos hable y le escuchemos con mayor claridad. Es dejar de escucharnos a nosotros mismos para poder escuchar de verdad a Dios.

El ayuno: Parece irrisorio o anticuado hablar de ayuno en un tiempo de mucho consumismo. La publicidad nos ha condicionado tanto que, como el hijo mayor de la parábola del Hijo Pródigo, queremos comernos todos los “cabritos” del mundo, es decir, dejar que nos gobiernen nuestros deseos y apetencias.

Siempre es importante escuchar la exhortación que nos hacen nuestros orientadores espirituales en este tiempo: no hay que reducir farisaicamente el ayuno a una simple privación de carne roja; HAY QUE DEJAR DE COMERNOS AL HERMANO, AL VECINO, AL COMPAÑERO DE TRABAJO, A LOS PROPIOS FAMILIARES.

Y el ayuno tiene sentido siempre y cuando lo orientemos a la caridad: eso de lo cual yo me privo y con lo cual me ahorro un gasto, lo debo destinar a una obra de caridad, ya sea al final de la cuaresma, cada semana o cada día.

No hay que olvidar que estos pilares de la conversión deben ser hechos sin exhibicionismos, pues lo importante es la mirada de Dios, “y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará” (Mt. 6,18)

Que Dios les bendiga y que tengan una santa cuaresma.

José Jesús Mora

EPIFANÍA

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VITAMINAS PARA EL CORAZON

Epifanía del Señor

Tal vez muchos de ustedes ya han escuchado que esta es la fiesta solemne de Navidad para los Católicos Ortodoxos en Oriente.

Navidad y Epifanía celebran, desde diversa perspectiva, el mismo misterio de la Encarnación del Señor, aunque Navidad acentúa más el nacimiento y Epifanía la manifestación del Salvador a todas las naciones, representados en los llamados “Tres Reyes Magos”, que no eran ni tres, ni reyes, ni magos…“¿Cómooooo?!!!!” –dirán ustedes, seguramente con asombro, pero así es:

¿Cuántos eran? No sabemos, pues el evangelista Mateo simplemente dice que “…en los días del rey Herodes llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos” (Mt 2,1). Sólo dice cuándo y a dónde llegaron. Suponemos que eran 3 por los regalos presentados. Pero en la tradición el número varió según diversas opiniones: San Juan Crisóstomo decía que eran 12, en las catacumbas se representaban 4; pero la mayoría se inclinó por el número tres por lo que podíamos asociar: la trinidad, las edades de la vida, las razas humanas, etc.

Y si eran 3, ¿cómo se llamaban? No lo sabemos. Mateo calla. Y los pintores se los imaginaron. La tradición les dio nombres: Melchor, Gaspar y Baltasar. Algunos hasta chiste han hecho de eso, diciendo que en estos tiempos de inseguridad corremos el peligro que nos visiten no los 3 reyes magos, sino “los tres reyes malos: Malhechor, Gaspeor y Te-va-asaltar”.

¿Eran reyes? Mateo no les llama así. Pero la tradición les aplicó el salmo 71: “Los reyes de Tarsis y de las islas ofrecerán dones; los reyes de Arabia y de Sabá le traerán presentes”. Y el pasaje muy conocido de Isaías: “Todos los de Sabá vendrán trayendo oro e incienso” (Is 60,6).

¿Eran Magos? Mateo utiliza el término pero en el sentido de su tiempo: “Mag”-“Megas”-“Magnus”, es decir, “grande”, “ilustre”. No en el sentido moderno del tipo que saca del sombrero un conejo o un ilusionista de las Vegas al estilo ‘David Copperfield’. El término oriental se asocia más bien a gente que se ocupaba de las ciencias naturales, la medicina, la astrología y el culto religioso.

Hechas las debidas aclaraciones, vamos a lo esencial: ¿Qué les puso en camino? Muchos opinan que un cometa o un signo astral.

Indistintamente de lo que fuera, nadie se pone en camino si no vive a la espera de algo y cuando aparece no duda en seguir esa inspiración, aunque tenga que dejar muchas cosas y renunciar a seguridades.

Mientras en Jerusalén, capital religiosa judía, nadie se enteraba de lo que pasaba, unos personajes del lejano Oriente se han puesto en camino.

Así sucede en nuestro tiempo: en la Iglesia seguimos discutiendo que si volvemos o no a la misa en Latín, o dónde es más ortodoxo colocar el altar, si al centro o alejado de la asamblea; que si ciertos cantos son litúrgicos o no…

Los fieles están urgidos de cambios sustanciales positivos para la Iglesia y nos perdemos discutiendo si en la Última Cena usaron cuchillos y tenedores…

San Juan Crisóstomo ha dicho algo hermoso: “Los Magos no se pusieron en camino porque hubieran visto la estrella, sino que vieron la estrella porque se habían puesto en camino”.

Dice una antigua leyenda que cuando los israelitas huían de los egipcios y llegaron al mar rojo, Moisés alzó sus manos para que las aguas se separaran…y no pasó nada. Lo hizo de nuevo y no sucedía nada. Hasta que se lanzó el primer israelita al mar, se abrieron las aguas.

Así ha sido y será siempre. El mundo es de los que se lanzan primero al agua y generan los cambios que se necesitan. Mientras el mundo dormía, los Magos se habían lanzado a una hermosa aventura, se habían puesto en camino.

No significa que todo fue fácil para ellos. Por momentos la estrella desaparecía a su vista, pero ellos no se desanimaban. Y si alguno quería regresar, seguramente los otros lo alentaban a seguir. Lo difícil no es creer, sino creer a solas.

Llegaron la ciudad y no había luces ni música ni fiesta. Comenzaron a preguntar ¿dónde está el rey? Y los consultados los remitían al palacio de Herodes.

Pero los Magos buscaban al “nuevo” rey. Y este adjetivo hacía temblar a quienes lo escuchaban. Los historiadores nos pintan a Herodes como un déspota amigo de la violencia. Solo tenía una pasión: el poder. Y un solo método para alcanzarlo y aferrarse: la espada. Era un ser deplorable dispuesto a matar a quien le disputara el trono. No le importaba ser odiado, le interesaba sobretodo ser temido.

Algún chismoso le llevó la noticia a Herodés de que había unos extranjeros preguntando por el nuevo rey y los mandó a llamar sin perder compostura. Antes había convocado a “sesión de ministros ” a su ‘gabinete’ para preguntar detalles y fichar sospechosos.

Los escribas y sacerdotes sabían dónde tenía que nacer el Mesías. Pero “No es sabio el que sabe dónde está el tesoro, sino el que trabaja y lo saca”. Los sacerdotes sabían, pero no eran capaces de ponerse en camino y buscar, como los Magos.

Herodes realizó un interrogatorio sutil a los Magos y luego los despidió con una sonrisa hipócrita: “Vayan y averigüen del niño y cuando lo hayan hecho, vuelvan y me cuentan para ir yo también a adorarlo”. En su negra conciencia había dictado sentencia: si ese niño existía, conocería la muerte antes de aprender a hablar.

Los Magos prosiguieron su camino y encontraron solo un niño sencillo, pobre, envuelto en pañales en una cueva; sus padres, dos jóvenes campesinos. Pensaron que habían calculado mal. Dudaron por un momento, pero luego recapacitaron: Dios no se había equivocado, sino ellos: de tanto mirar las estrellas, se habían olvidado de mirar la tierra. De tanto visitar las casas de los poderosos, se les había olvidado la hermosura de la sencillez.

Nuestro error es imaginarnos a Dios solemne y lejano. Por eso se hizo pequeño. Porque uno solo puede amar aquello que puede besar y rodear con sus brazos.

El relato concluye diciendo que, avisados en sueño sobre la trampa de Herodes, los Magos decidieron regresar por otro camino. Esa conclusión es una catequesis: quien se ha encontrado con Dios no puede vivir como si nada hubiera sucedido, algo o muchas cosas tienen que cambiar.

Una antigua leyenda nos habla sobre EL CUARTO REY MAGO, quien también vio brillar la estrella sobre Belén, pero siempre llegaba retrasado a los lugares donde Jesús podía estar porque se detenía ante las necesidades de pobres y pordioseros a quienes les brindaba generosamente su ayuda.

Después de más de treinta años siguiendo a Jesús por Egipto, Galilea y Betania, el rey mago llega a Jerusalén, pero demasiado tarde, pues el niño ya se transformó en hombre, y estaba siendo crucificado en aquél día.

Ese rey había comprado perlas para Cristo, más tuvo que venderlas casi todas para ayudar a las personas necesitadas que encontró en su camino. Solo le quedó una perla y el Salvador ya estaba muerto.

-Fallé en la misión de mi vida -pensaba el rey mago.

En ese momento se escuchó una voz: -“Al contrario de lo que piensas, tú me encontraste durante toda tu vida. Yo estaba desnudo, y me vestiste. Yo tuve hambre, y me diste de comer. Yo estaba preso, y me visitaste. Pues yo estaba en todos los pobres de tu camino. ¡Muchas gracias por tantos regalos de amor que me has dado!”

Que Dios les bendiga

Su hermano, José Jesús Mora

Ejemplo de Fe y Perseverancia

Bullying dejó a Melvin Durón 34 días en coma, pero sobrevivió

Melvin Durón tiene 21 años y es un ejemplo de fe, perseverancia, fortaleza y valentía.

Golda Sánchez: golda.sanchez@uth.hn

Lisseth García: doris.garcia@laprensa.hn

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Melvin Durón tenía 16 años y era un estudiante brillante, con don de servicio y buen corazón. Cuando un grupo de compañeros lo invitó a reforzarles la clase de Biología no dudó en aceptar. Jamás imaginó la tragedia que lo acechaba.

Era el año 2008. El jovencito cursaba su segundo año de bachillerato y se destacaba en sus estudios. Siempre recibió elogios de los maestros.

Ese trato especial desencadenó sentimientos negativos en algunos compañeros de clase y con el paso del tiempo se convirtieron en insultos y agresiones verbales de pasillo. Melvin había sido víctima del bullying desde el séptimo grado.

El bullying es el maltrato físico o sicológico constante que recibe un niño o joven por parte de otros que se comportan cruelmente con el objetivo de someterlo y asustarlo. Implica la repetición de las burlas o las agresiones y puede provocar la exclusión social de la víctima.

Eso fue lo que Melvin soportó por mucho tiempo, pero la necesidad de ser aceptado lo llevó a actuar diferente. Ya en bachillerato, sus notas comenzaron a bajar y tenía actitudes que, según su madre, Yanine Hernández, parecían normales de un adolescente. Por eso, ella nunca sospechó el viacrucis que vivía su hijo a diario.

Pero un día, en uno de tantos episodios, Melvin no aguantó más y le respondió “cállate el pico” a su compañero que gritó en el aula “solo al mismo maricón felicitan”. Ese reflejo de frustración desencadenó un desenlace casi fatal para Melvin.

 

El ataque

Un día de clases, un grupo de compañeros le pidió a Melvin que les reforzara sus conocimientos en biología. Inocente, el joven aceptó. La cita era en una casa particular. Jamás imaginó que era una mala jugada.

No hubo reforzamiento esa tarde lluviosa. Al poco rato de haber llegado comenzaron los insultos. Ante la ola de abusos, Melvin le respondió con un golpe en la boca a uno de sus compañeros y eso  desencadenó una pelea de media hora donde Melvin se llevó la peor parte.

El grupo de estudiantes incitó al agresor. El muchacho tomó la cabeza de Melvin y la estrelló contra la pared una, dos, tres, cuatro, cinco veces… lo dejó inconsciente. Melvin quedó tirado en un sofá tres horas hasta que decidieron llamar a la madre del joven, pues en la casa no había adultos. Yanine llegó enseguida y llamó a una ambulancia.

 

“Un milagro”

El muchacho pasó 34 días en coma y después de dos infartos cerebrales venció a la muerte. “él es un milagro de Dios; él le dio una segunda oportunidad”, dice ahora la mujer.

Con los ojos llenos de lágrimas recuerda que su hijo sufrió una lesión en el cerebro que afectó su parte motora.

“Salió de cuidados intensivos y no abría los ojos. No comía, solo a través de una sonda, y quedó en condiciones muy precarias”, cuenta.

A pesar de la agresión contra su hijo, la mujer se aferra a su fe y trata de ver adelante. “Siempre he pensado que esto ha sido un proceso del Señor, no un suceso. Todo se ha ido presentando en el camino en pro de su bienestar”.

Melvin acudió un año a Teletón, donde tuvo avances asombrosos en su rehabilitación y le dieron de alta, pero necesitaba más terapia.

Después acudió a una fundación, donde gracias a un programa de rehabilitación la madre ha logrado que su hijo salga adelante.

Al inicio era atendido por enfermeras. Su familia pagaba dos turnos y su madre lo cuidaba por las noches.

“Quedó con alteraciones y una de ellas le provocaba comezón. Había que rascarlo de día y de noche. Pude darme cuenta de que no eran enfermeras lo que necesitaba, sino un enfermero porque Melvin es grande Así encontré a don Julio, que tiene ya cinco años de estar dando la fisioterapia”.

 

Doloroso camino

Después del incidente, el muchacho tardó cinco meses en recuperar el habla, pero cuando lo hizo su primera palabra fue “mamá”. Meses después movió un dedo. Llorando, la mujer recuerda ese momento. “Todos lo celebramos porque era una buena señal”, dice.

“Mi hijo comía a través de una sonda, pero poco a poco logró digerir los alimentos. Tomaba agua con una jeringa, gota a gota”.

A medida que avanzaba la rehabilitación, Melvin sintió el deseo de terminar su bachillerato. Quería graduarse. En silla de ruedas terminó el colegio en el mismo lugar de donde había salido el año anterior.

A pesar de las dificultades, su perseverancia y sus ganas de cumplir sus sueños no terminaron allí. Quiso ir a la universidad y graduarse.

Su madre salió en busca de universidades donde le permitieran a Melvin recibir clases con ella. La Universidad Tecnológica de Honduras (UTH) fue la única que le abrió sus puertas. Comenzó a estudiar y ahora cursa la carrera de Gerencia de Negocios.

Acude todos los sábados y lleva cinco asignaturas. Cuando entra en la clase, Julio, el terapeuta, y su madre están siempre a su lado. él escucha y participa en las clases, pero su madre se ocupa de las anotaciones. “Es muy bueno para los números”, dice orgullosa. El joven tiene excelencia académica en la universidad y habla tres idiomas.

“Me gusta el pisto”, dice al explicar por qué se decidió por la carrera. “Sueño con tener una cadena de hoteles”.

“Perdoné a quienes me hicieron daño. Soy un milagro de Dios y lo más importante es que voy bien en mi rehabilitación”, dice. Es muy popular en la universidad, todos lo saludan y lo admiran por su entusiasmo y sus ganas de salir adelante.

 

Testimonio de Melvin Durón

“Me golpeó cinco veces la cabeza”

Melvin Durón escribió de su propio puño y letra su historia de vida. Es un ejemplo de fe, valentía y perseverancia.

“A continuación escribo mi versión de lo que pasó el día de mi accidente…

Para esta narración le he pedido al Señor la máxima inspiración para no exagerar, para no delirar con lo sucedido.

Haber sobrevivido, estarme rehabilitando como hoy lo estoy consiguiendo significa que alguien me está bendiciendo. En fin,  ya mucho cuento. Sepan que para nada miento. Se dio el 1 de noviembre de 2006.

Era un día normal, como todos los días de rutina. El problema empezó en la clase de Química o de Biología. No recuerdo muy bien. El mismo maestro impartía las clases.

El problema ocurrió cuando el profesor me alabó por ser de los pocos que le ponían atención. De repente se escuchó un fuerte grito de uno de mis compañeros de colegio; para ser específico, el que me dejó en estado crítico.

‘¡Solo felicitan al mismo maricón!’. Y yo, con imprudencia, contesté: ‘Callate el pico’. Terrible error. Me retó y solo me quedó aceptar el reto. Ya estaba harto de tanto que me faltaban el respeto, de tanto que me rebanaban todas las personas que creí que me apreciaban. Hoy ya distinguí, ya reconozco, a los verdaderos amigos y amigas que de verdad me quieren a mí. A algunos todavía no los conozco en persona, pero siempre están conmigo.

Pero ese día del reto no quedamos explícitamente para pelear. No había fecha, hora ni lugar. Solo sabía que se iba a dar. Jamás pensé que mis supuestos ‘amigos’ me iban a traicionar como lo hicieron, pues me pidieron ayuda en la clase de Física Elemental.

Yo tenía vasto entendimiento y les ayudé. Ellos, por agradecimiento, me dejaron servido en la boca del lobo. Llegamos a casa de uno de esos malhechores para estudiar, pues yo les iba a explicar. Allí llegó mi agresor con su envidia y sus rencores.

Llegó a insultarme, rebanarme y provocarme hasta que me enfureció. Así como lo leen. Este loco se sintió obligado a responder finalmente a tanta agresión. Le di un golpe en la boca y eso desencadenó un pleito a puño limpio que duró más de media hora. Él me agarró del pelo y, con odio, me golpeó cinco veces el lado derecho de la cabeza contra la pared. Me rendí. Eso ocurrió en la primera planta de la casa.

Mis “amigos”  se fueron a jugar a la segunda planta de la vivienda. Recuerdo que me acosté en el sofá de la sala y quedé inconsciente. No sé si me crea, pero, instantáneamente, mi espíritu abandonó mi cuerpo. Como si fuera un avión a pequeña escala, me miraba impactado. Al verme tirado, sin saber qué ocurría, solo sentía que me moría.

Algo malo, muy malo, estaba ocurriendo. Mi corazón me lo decía. Yo agonizaba y  mis ‘amigos’ jugaban Playstation en la segunda planta, como si nada.

Uno de ellos bajó porque ya se iba a su casa y, al verme tirado, sin respirar y con tan poco pulso, se asustaron, tomaron impulso y empezaron a llamar ambulancias. Lo menos que les cobraban eran 10 mil lempiras. Dos horas y media después llamaron a mi profesor de Matemáticas y él les dio la bendita solución:
‘Llamen a la mamá de Melvin Durón’.

Tres horas después, mi madre llegó  al lugar de los hechos. Solo tres compañeros de los siete que allí estuvieron, incluido el dueño de casa, se quedaron a poner el pecho. Mi madre se quebró al verme inconsciente. Solo Dios le pudo dar valor para reaccionar, pero ella no pudo manejar.

Me llevaron al hospital donde mi mamá trabaja, el Mario Rivas. Mi espíritu volaba detrás de ellos. Ese momento es de los más bellos e inolvidables. Sigue tan palpable en mi mente, aunque admito que en ese momento no lo disfruté. Mis esperanzas estaban más muertas que vivas. Cuando llegamos al hospital, yo ya estaba muy mal. El neurocirujano me revisó y dijo que tenían que operarme inmediatamente.

Tenía las pupilas horriblemente dilatadas, la hemoglobina bastante disminuida y sin exámenes ni tomografías, solo sabiendo de qué lado me habían golpeado. Con todo en contra, fui exitosamente operado. Me habían salvado. Cinco minutos más de tardanza y habría quedado en estado vegetal. Mi espíritu vio cuando el doctor me abrió el cráneo. El chorro de sangre fue instantáneo. Oí cuando les dijeron a mi mamá, a mi abuela y a mis tías allí presentes que estaba estable gracias a Dios y a mi hemoglobina potente.

Tenía 16 años y quedé como de ocho al ser intervenido. En menos de 24 horas, dos infartos cerebrales casi fatales. Por cortesía de aquellos animales había sufrido, pero tengo madera de vencedor. Lo demostré con creces.

Yo seguía como espíritu, visitaba a mis hermanitos. En esos días estaban chiquitos. Hasta que, a los tres días de muerto, en coma, mi madre quería saber si yo podía entenderle.

Me pidió que le apretara la mano. De repente se me presentó el Señor. Qué momento tan asombroso, como de cuento de hadas. Solo me dijo, cuando a mi cuerpo me devolvía:

‘Hijo mío, pórtate bien y disfruta al máximo de esta experiencia, la más maravillosa de toda tu vida’.

No volví por mujeres, volví por mi hermano Mario José, pues él siempre le ha pedido a Dios con inocencia ciega, con mucha fe.

Mi amado hermanito, criatura tan noble, este loco por obra de Dios es fuerte como un roble.

En mi soledad, a decir verdad he podido aprender a valorar a la mujer que por siempre me va a acompañar.

Asimismo, después de tener una  vida fácil y cómoda me he dado cuenta de que todo lo bueno cuesta, que solo hay una salida: vivir cada día como si fuera el último, que la vida es demasiado hermosa para vivirla en pena.

Porque Dios sí existe, existe el amor. Desde el día que volví a mi cuerpo, mi lucha ha sido volver a estar al cien.

Desde entonces sueño despierto con el día en que finalmente logre al cien por ciento, sin reproches ni lamentos, caminar nuevamente.

No me arrepiento de nada. Le agradezco al creador por la oportunidad de estar con vida y el promedio de la universidad, por la bonita amistad que he entablado con mucha gente nueva.

También por desterrar de mi vida lo malo, por todas las bendiciones con las que crezco dentro de su amor.

 

VIDA DIARIA 

LA AGRESIÓN que cambió la vida de Melvin Durón ocurrió cuando tenía 16 años. Hoy tiene 21 y está dispuesto a salir adelante. Está a punto de graduarse en Gerencia de Negocios.

ESTUDIANTE Melvin Durón cursa cinco clases y es un estudiante con excelencia académica en la UTH.

Ejemplar Yanine Hernández , la madre de Melvin, recibe las clases a su lado. Es un apoyo incondicional.

DECISIÓN La madre de Melvin pidió no mencionar el nombre del colegio donde ocurrió el incidente por una promesa familiar.

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Melvin Durón y Jesús Mora

LA MUERTE MÁS FECUNDA

cristo crucificado 1

VITAMINAS PARA EL CORAZÓN

VIERNES SANTO

El Viernes Santo provoca una sensación extraña en la conciencia de todos. Es un día en el que estamos de vacaciones; las tiendas y muchos otros establecimientos comerciales están cerrados, pero hay una sensación de que no es un simple día de descanso, pues experimentamos una cierta soledad, aunque estemos rodeados de personas.

Por lo general, es un día nublado, ya se por la mañana, por la tarde, o la mayor parte del día. En la mayoría de las ocasiones llueve, como si el Cielo también llorara o estuviese triste en este día peculiar.

Por tradición o por religiosidad este es un día muy especial en nuestro calendario. El pensamiento del alma no se resiste ante la atracción del Misterio de Dios.

Mi sugerencia es la misma que daba San Ignacio: “esforzarnos por imaginarnos estar presentes allí”, para no reducir el recuerdo de la Pasión del Señor a un sentimentalismo estéril, sino provocar un verdadero encuentro con Cristo que tenga un impacto significativo en nuestra vida.

Debemos reconocer que en muchas ocasiones hemos hecho de la Cruz un simple símbolo religioso y, en el peor de los casos, un adorno o prenda, despojándole del sentido provocativo e impactante que debería tener para cada uno de nosotros.

Ojalá comprendiéramos que a Cristo no sólo le despojaron de su vida. Intentaron despojarle también del sentido de su muerte.

Sacerdotes y Fariseos acudieron a Pilatao porque, supuestamente, ellos no tenían potestad para condenar a muerte a nadie. El Sanedrín Judío podía condenar a muerte por lapidación, hoguera, degollación y estrangulación, pero no podían crucificar a alguien, pues este tipo de sentencia estaba reservada por los romanos a crímenes políticos de revoltosos, guerrilleros y ladrones.

¿Por qué se empeñaban los sumos sacerdotes en que Jesús muriera crucificado? La forma de muerte que hubiesen tenido que aplicar a Jesús según sus mismas acusaciones era la lapidación, sentencia destinada a los blasfemos y falsos profetas. Éste fue el tipo de muerte que le dieron al profeta Jeremías, aunque el pueblo reconociese más tarde en él a un profeta.

Aunque la lapidación hubiera sido una muerte terrible, los sacerdotes temían que los apóstoles presentaran el sacrificio de su Maestro como una muerte profética. Por eso las Autoridades Religiosas querían para Jesús una muerte degradante que manchara su causa, presentándole como un vulgar ladrón y criminal.

A Jesús no sólo se le condenó de forma injusta, sino que también se intentó desprestigiarle, dándole un tipo de sentencia que lo desacreditara ante el pueblo, haciéndole ver como un delincuente común.

Como ha sucedido en la historia, antes y después de Él, hay personas a las cuales no sólo se les ha despojado de sus derechos, sino también del verdadero significado de su lucha. Y esta injusticia que se ensaña contra las víctimas es lo que provoca su sufrimiento moral, pues para los verdaderos idealistas no es difícil dar la vida por aquello que se ama, pero debe provocar mucho dolor caminar hacia la muerte con una máscara falsa que sus enemigos han pegado en su rostro.

A Cristo, que vino a traernos la paz, se le condena por “violento”. Al que vino a traernos el Reino de Dios, se le condena por meterse con el “reino” de los hombres.

Por eso, en las estaciones del Vía Crucis, repetimos la frase de San Pablo “Fue condenado a muerte…y muerte de cruz por nosotros” (Flp 2,8), como si subrayáramos con asombro que hasta en ese aspecto cometimos la mayor de las injusticias: elegir para Él la muerte infame de los infames, la sucia muerte de un perverso.

Pero el amor que le llevó a tal entrega fue más fuerte que cualquier intento de falsificación de los motivos de su muerte.

Frente a su cuerpo triturado como grano de trigo, a los pies de su cruz, estaba reunida una especie de resumen de toda la humanidad: enemigos, amigos, curiosos e indiferentes.

Paradójicamente, el padecer en silencio esta injusticia y no ceder al chantaje de dar  las pruebas que exigían sus enemigos y quienes se burlaban, fue la demostración de su condición divina: “Si eres hijo de Dios ¡baja de la cruz! Y te creeremos…” (Mt 27,39-42).

Bajar de la cruz lo hubiera legitimado ante sus detractores, pero hubiera sido la contradicción de todas sus enseñanzas. Pues “la prueba de que Dios nos ama es que siendo nosotros todavía pecadores, murió por todos” (Rm 5,8). Y porque “Tanto ha amado Dios al mundo que ha entregado a su Hijo único, para salvar al mundo” (Jn 3,16). “No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13)

Esta es la “hora” de la que tanto hablaba el Señor. Nunca hubo una muerte más fecunda.

Por eso, acercarse a la cruz es arriesgado y exigente. Invita a la “segunda conversión”, como nos decía san Agustín: primero se convirtió al Dios único y bueno; y después, al Dios crucificado. Así lo cuenta en el capítulo siete de sus “Confesiones”. Porque después de descubrir a Dios aún no se sentía del todo cristiano.

Sólo cuando Dios se hizo concreto para él en el Crucificado descubrió que “todo el esplendor del mundo redimido brota de la sedienta raíz del Dios paciente”.

Hoy es un día especial, para dejar espacio a la reflexión. Y dejar que Dios nos hable. Dejar que Cristo, a través de su muerte en la Cruz, nos diga algo que cambie nuestra relación con Él y nuestra manera de ver y de llevar la vida.

Que Dios les bendiga

José Jesús Mora