POR EL CAMINO DE EMAÚS

VITAMINAS PARA EL CORAZON,

POR EL CAMINO DE EMAÚS

 

De los relatos de encuentros del Señor Resucitado con sus discípulos, el de Emaús es el más detallado y hermoso.

 

Volver a escuchar y reflexionar en este relato nos ayudará a recuperar actitudes que teníamos olvidadas o perdidas, ya que también nosotros conocemos ese camino de desánimo por donde iban los dos caminantes.

 

Esos dos discípulos van por ese sitio desconsolados y afligidos. Pero aunque nos sintamos así, Dios nos busca. Se las arregla para encontrarnos discretamente en el camino de la vida. Dios nos da alcance cuando huimos.

 

Y nos hace la misma pregunta: “¿Qué cosas tan tristes conversan por el camino?” (Lc 24,17.) Tal vez responderíamos: hablábamos de la violencia e inseguridad, de la droga y asesinatos, de la crisis económica, de los problemas familiares, del precio de los combustibles, de la corrupción en el gobierno, de las campañas políticas anticipadas, etc.

 

Los discípulos responden con la frase que asoma a los labios del que se siente derrotado: “…nosotros esperábamos…” (Lc 14,21).

 

¿Estos discípulo son realistas o se sienten incapaces de pagar el precio de la fe? Se sienten estafados. Piensan que el Señor les ha tomado el pelo cuando les anunciaba su victoria y por eso vuelven a lo mismo de antes; lo habían dejado todo para seguir a Jesús y ahora vuelven derrotados como cucarachas.

 

¡Cuántas ilusiones perdidas! ¡Cuántos proyectos fracasados! ¡Cuántos ideales olvidados! Cuando no esperemos nada, cuando el pesimismo nos vence, estamos muertos en vida.

 

Pero hay que examinar lo que uno espera y cómo lo espera: si esperamos cosas triviales (pasarla bien, más dinero para derrochar, fama, poder, prestigio) y resultados fáciles (con el mínimo esfuerzo), puede que esperemos por mucho tiempo hasta cansarnos.

 

Yo esperaba una Iglesia profética, con el valor y la autoridad moral de denunciar las injusticias, pero me encuentro una Iglesia cómoda cuyos autoridades en vez de denunciar las injusticias y la corrupción, brindan en algunas reuniones con los corruptos que todos conocemos. Esperaba una Iglesia coherente que, antes de señalar el pecado en la sociedad, lo señalara al interior y se esforzará sinceramente en su conversión.

 

Pero ahora entiendo que esta forma de esperar es hipócrita de mi parte, pues se convierte en un pretexto para mi mediocridad, en una forma evasiva de echarle la culpa a los demás y no hacer nada al respecto por cambiar esas situaciones desde el interior.

 

Si estás esperando algo, trabaja con fe y perseverancia para lograr que suceda. Si estás esperando que tu familia mejore, da lo mejor de ti mismo para que el milagro suceda. Si estás esperando que tu pareja te comprenda, haz el esfuerzo por comprenderla primero. Si deseas que las cosas en el trabajo mejore, sé más puntual, más responsable, más dedicado, da el ejemplo.

 

Si quieres que las cosas mejoren, comienza mejorando. No podemos darnos el lujo de decir “Nosotros esperábamos…” Debemos decir “Nosotros esperamos”, porque lo hacemos trabajando y no cómodamente sentados.

 

Pero eso es lo que nos cuesta entender y aceptar. Por eso Jesús les explica a los caminantes: “El Mesías tenía que padecer…”(Lc 24,26) La victoria tiene un precio y se llama sacrificio. Es la lógica de la semilla: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere permanece solo, pero si muere da mucho fruto” (Jn 12,24).

 

Siempre me sorprendió el fuerte reproche que les hace antes de explicarles las Escrituras: “¡Qué necios y torpes son!”(Lc24,25). Es que su ignorancia es “voluntaria”, tienen todo para comprender, pero no hacen el esfuerzo. Tenemos la Biblia y no sabemos qué hacer con ella. Tenemos tiempo y lo mal empleamos. Tenemos al Espíritu Santo desde el día de nuestro bautismo y lo sub-utilizamos.

 

Las estadísticas nos dicen que solo el 8% de nuestros católicos asisten a la misa dominical. El 92% restante son “católicos nominales”, es decir, católicos de nombre. Y de ese 8%, ¿cuántos salen realmente con sus corazones encendidos después de la misa? ¿Cuántos “vuelven a Jerusalén” con entusiasmo y alegría, es decir, a su hogar o al trabajo, a contar más que con palabras, con su ejemplo, que se han encontrado con el Señor resucitado?

 

Cualquier parecido de nuestra vida con el relato de Emaús, no es pura coincidencia. Jesucristo sigue estando con nosotros, al igual que caminaba al lado de Cleofás y su compañero, pero nos sigue costando mucho reconocerlo.

 

Por lo menos la tristeza de los discípulos de Emaús es, en cierta forma, justificada, pues pensaban que Jesús estaba muerto. Pero la nuestra, a sabiendas de que Jesús vive, ¿es comprensible o legítima?

 

No se trata de ver algo nuevo, sino de ver con ojos nuevos lo que siempre vemos, para que en lugar de entristecernos, más bien encontremos motivos para luchar y mejorar lo que somos y tenemos.

 

Que Dios les bendiga

Su hermano, José Jesús Mora

 

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5 pensamientos en “POR EL CAMINO DE EMAÚS

  1. Excelente Padre Mora es uno de los pasajes q mas me gustan y me llegan al corazon como Quedate con Nosotros siempre tendriamos que repetir dicha frase, gracias por fortalecernos dia a dia con esas Vitaminas.

  2. Excelente comentario,me encanto la forma interpretativa que le dio a este pasaje biblico,aprendi mucho. L e cuento que soy cristiano evangelico. Que el Señor le siga bendiciendo.

  3. Mi querido Amigo me alegra que este compartiendo con nosotros sus enseñanzas, son un deleite para el alma.

    Saludos y Felicidades el Señor ha resucitado

    • Hola, Ma. Auxiliadora! Felices Pascuas de Resurrección. Muchas gracias por su mensaje. Hay momentos en que uno se deja absorver por el trabajo y decimos “no tengo tiempo”. Pero en realidad uno tiempo para lo que quiere. Y de repente resuenan en el pensamiento esas Palabras, antiguas y siempre actuales: “¿De qué te sirve ganar el mundo si pierdes tu vida?”. Así que por eso retomo esta tarea. Un abrazo, mi amiga.

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