DÍA DE LA MADRE

UNA VITAMINA EN EL DÍA DE LAS MADRES

Segundo Domingo de Mayo

Muchos en Honduras conocemos y, seguramente, hemos cantado el HIMNO A LA MADRE de Augusto C. Cuello. Y recordamos, particularmente, el coro que dice: “En el nombre de madre se encierra la más alta expresión del amor, Porque no puede haber en la tierra una imagen más clara de Dios”.

El autor no se equivoca ni comete una herejía al afirmar que la mejor imagen de Dios en la tierra es una madre. Porque, desde cualquier ángulo que lo veamos, el amor de una madre, es lo más parecido, cercano y próximo al amor de Dios, ya que posee las dos características fundamentales:

a)Desinteresado: la madre ama porque sí, no espera méritos, es anterior a ellos. Lo da todo y no espera recibir nada. Nunca tienen un día libre.

b)Incondicional: no importa lo que suceda, aún si recibe como respuesta la ingratitud, la madre siempre ama. Una madre se puede olvidar de todo, menos de que es madre. Si la ofendemos, nos perdona. Si nos equivocamos, nos comprende. Si los demás no nos aguantan, ella sí está dispuesta a hacerlo.

Dios se inventó a las madres porque Él no podía darse abasto por todos lados.

Son ustedes, las madres, unos seres tan especiales, que hacen especial este día y esta celebración. ¿O acaso no hemos notado que la celebración del día de las madres es más “sonada” y festiva que el día del padre?

Madre no es simplemente una “señora que tiene hijos”. La palabra ha llegado a convertirse en sinónimo de amor, de entrega, de abnegación, de fortaleza, de constancia, de ternura, de consuelo, de esperanza, de sacrificio, de dulzura, de consejo y de tantas otras cualidades y virtudes encarnadas por todas aquellas a quienes Dios les ha dado este valioso don, la maternidad.

Los hijos no venimos solos a este mundo, acarreamos algunos inconvenientes: requerimos de cuidados, somos inquietos, dependientes, muchas veces caprichosos, egoístas y hasta malcriados. Ella, la madre, le hace de todo con tal de cuidar y hacer feliz a sus hijos: psicóloga, maestra, economista, costurera, chef, enfermera, etc.

El tiempo dedicado, los consejos oportunos, el sacrificio hecho, no son tiempo perdido. Aún en aquellos en los que aparentemente el intento no ha sido un éxito, tarde o temprano termina dando sus frutos.

Porque, a fin de cuenta, ¿qué recordamos de todas las cosas que vamos aprendiendo en nuestra vida? Solamente aquellas que han sido enseñadas con y por amor.

En el llamado “período de gestación” se va estableciendo un vínculo entre madre e hijo que ni el tiempo, ni la distancia, ni los errores, ni las ofensas, incluso ni la muerte, podrán romper.

Pero si bien la madre es fuerte e incansable, a la vez es frágil y vulnerable por su bondad y su amor. Tal vez hay palabras o actitudes que, como hijos, expresamos en un momento de enojo y para nosotros ni siquiera tiene relevancia, pero hieren a nuestra madre porque no esperaban tanta dureza ni ingratitud de nuestra parte.

Lamentablemente, los remordimientos llegan demasiado tarde, cuando ya hemos hecho daño o hemos provocado heridas. Por eso quiero recordarles a todos, que las mejores lágrimas no son las que derramamos sobre la tumba de nuestras madres, sino las que somos capaces de ahorrarles en vida.

Cuenta una antigua leyenda que un niño, próximo a nacer le dijo a Dios:

– Me vas a enviar mañana a la tierra, pero ¿Cómo viviré allá, siendo tan pequeño y tan débil?…

– Entre muchos ángeles escogí a uno que te espera, contestó Dios.

Pero aquí en el cielo no hago más que cantar y sonreír y eso basta para mi felicidad ¿podré hacerlo allá?…

Ese ángel te cantará y te sonreirá todos los días y te sentirás muy feliz con sus canciones y sonrisas.

¿Y cómo entenderé cuando me hablen, si no conozco el extraño idioma de los humanos?

Ese ángel te hablará y te enseñará las palabras más dulces y tiernas que escuchan los humanos.

¿Qué haré cuando quiera hablar contigo?

Ese ángel juntará tus pequeñas manos y te enseñará a orar.

He oído que en la tierra hay hombres malos… ¿Quién me defenderá?

Ese ángel te defenderá, aunque le cueste la vida.

Pero estaré siempre triste porque no te veré más. Señor, sin verte me sentiré muy solo…

Ese ángel te hablará de mí y te mostrará el camino para volver a mi presencia, le dijo Dios…

En ese instante, una paz inmensa reinaba en el cielo, no se oían voces terrestres, el niño descendía suavemente: – Dime su nombre, Señor.

Dios le contestó: – Ese ángel se llama Mamá.

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7 pensamientos en “DÍA DE LA MADRE

  1. Pingback: Los números de 2010 « VITAMINAS PARA EL CORAZÓN

  2. Jesús Mora, definitivamente estoy de acuerdo con tu reflexión en torno a ese precioso ser amoroso y abnegado como la mujer que se da y se ha dado a amarse a sí misma y a Dios a través de las y los que le han sido encomendados: sus hijas e hijos.

  3. Hermano Mora:

    Definitivamente Nuestro Senor Dios Padre,Dios Hijo y Espiritu Santo da los dones,gracias por ver a las madres con la sabiduria que lo hace,definitivamente
    todos tenemos dos angeles, nuestro Angel de la Guarda y nuestra Madre.-

    Gracias.-Dios le Bendiga a Usted y su Bella Familia.-
    Elyven Nazar

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