EL CAMINO DE EMAÚS

VITAMINAS PARA EL CORAZON, POR EL CAMINO DE EMAÚS

TERCER DOMINGO DE PASCUA, 6 de Abril de 2008

De los relatos de encuentros del Señor Resucitado con sus discípulos, el de Emaús es el más detallado y hermoso.

Volver a escuchar y reflexionar en este relato, nos ayuda a rejuvenecernos, nos ayuda a recuperar actitudes que teníamos olvidadas o perdidas. Porque también nosotros conocemos ese camino por donde iban los dos caminantes.

Esos dos discípulos van por ese sitio desconsolados y afligidos. Pero aunque nos sintamos así, Dios nos busca. Se las arregla para encontrarnos discretamente en el camino de la vida. Nos alcanza cuando huimos.

Y nos hace la misma pregunta: “¿Qué cosas tan tristes conversan por el camino?” (Lc 24,17.) Tal vez responderíamos: hablábamos de la violencia e inseguridad, de la droga y asesinatos, de la crisis económica, de los problemas familiares, del precio de los combustibles, de la corrupción en los gobiernos, de las campañas políticas anticipadas, etc.

Los discípulos responden con la frase que asoma a los labios del que se siente derrotado: “…nosotros esperábamos…” (Lc 14,21).

¿Son realistas o se sienten incapaces de pagar el precio de la paciencia? Se sienten estafados. Piensan que el Señor les ha tomado el pelo cuando les anunciaba su victoria y por eso vuelven a lo mismo de antes; lo habían dejado todo para seguir a Jesús y ahora vuelven derrotados como cucarachas.

¡Cuántas ilusiones perdidas! ¡Cuántos proyectos fracasados! ¡Cuántos ideales olvidados! Cuando no esperemos nada, cuando el pesimismo nos vence, estamos muertos en vida.

Pero hay que examinar lo que uno espera y cómo lo espera: si esperamos cosas triviales (pasarla bien, más dinero para derrochar, fama, poder, prestigio) y resultados fáciles (con el mínimo esfuerzo), puede que esperemos por mucho tiempo hasta cansarnos.

Yo esperaba una Iglesia profética, con el valor y la autoridad moral de denunciar las injusticias, pero me encuentro una Iglesia cómoda que brinda en algunas reuniones con los corruptos que todos conocemos. Esperaba una Iglesia coherente que, antes de señalar el pecado en la sociedad, lo señalara al interior y se esforzará sinceramente en su conversión.

Pero ahora entiendo que esta forma de esperar es hipócrita de mi parte, pues se convierte en un pretexto para mi mediocridad, en una forma evasiva de echarle la culpa a los demás y no hacer nada al respecto por cambiar esas situaciones desde el interior.

Si estás esperando algo, trabaja con fe y perseverancia para lograr que suceda. Si estás esperando que tu familia mejore, da lo mejor de ti mismo para que el milagro suceda. Si estás esperando que tu pareja te comprenda, haz el esfuerzo por comprenderla primero. Si deseas que las cosas en el trabajo mejore, sé más puntual, más responsable, más dedicado, da el ejemplo.

Si quieres que las cosas mejoren, comienza mejorando. No podemos darnos el lujo de decir “Nosotros esperábamos”. Debemos decir “Nosotros esperamos”. Porque lo hacemos trabajando y no cómodamente dormidos o sentados.

Pero eso es lo que nos cuesta entender y aceptar. Por eso Jesús les explica a los caminantes: “El Mesías tenía que padecer…”(Lc 24,26) La victoria tiene un precio y se llama sacrificio. Es la lógica de la semilla: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere permanece solo, pero si muere da mucho fruto” (Jn 12,24).

Siempre me sorprendió el fuerte reproche que les hace antes de explicarles las Escrituras: “¡Qué necios y torpes son!”(Lc24,25). Es que su ignorancia es “voluntaria”, tienen todo para comprender, pero no hacen el esfuerzo. Tenemos la Biblia y no sabemos qué hacer con ella. Tenemos tiempo y lo mal empleamos. Tenemos al Espíritu Santo desde el día de nuestro bautismo y lo sub-utilizamos.

Las estadísticas nos dicen que solo el 8% de nuestros católicos asisten a la misa dominical. El 92% restante son “católicos nominales”, es decir, católicos de nombre. Y de ese 8%, ¿cuántos salen realmente con sus corazones encendidos después de la misa? ¿Cuántos “vuelven a Jerusalén” con entusiasmo y alegría, es decir, a su hogar o al trabajo, a contar más que con palabras, con su ejemplo, que se han encontrado con el Señor resucitado?

Por desgracia, cualquier parecido de una misa con el relato de Emaús, es pura coincidencia. No es la norma, es la excepción a la regla. Jesucristo sigue estando con nosotros, al igual que caminaba al lado de Cleofás y su compañero, pero nos sigue costando mucho reconocerlo.

Por lo menos la tristeza de los discípulos de Emaús es, en cierta forma, justificada, pues pensaban que Jesús estaba muerto. Pero la nuestra, a sabiendas de que Jesús vive, ¿es comprensible? No se trata de ver algo nuevo, sino de ver con ojos nuevos lo que siempre vemos.

Cuando llegaron al sitio, los discípulos le invitan al forastero a quedarse con ellos. Es la virtud de la hospitalidad que nace de la compasión. Le hacen una invitación al Señor que se debe convertir en nuestra oración más urgente por los tiempos que vivimos: “El día ya se acaba, la tarde está cayendo, quédate con nosotros”(Lc 24,29). Y esto hará posible que le reconozcan al partir el pan, que era el único rito que Jesús hacía: partir y compartir.

La caridad devuelve lo que el desánimo nos había hecho perder. Cuando damos, a pesar de no sentirnos tan bien de ánimos, recuperamos lo que habíamos perdido y más todavía.

Si has perdido la paz, búscala para otros y la encontrarás. Si has perdido la sonrisa, bríndala a otro y la encontrarás. Si has perdido la seguridad, búscala para otros y la encontrarás. A nuestro alrededor hay muchos que caminan como los discípulos de Emaús, descontentos, pesimistas y abatidos. Es el camino más frecuentado en nuestros días.

Hay quienes, como esos dos, han abandonado silenciosamente la comunidad de Jerusalén (en nuestro caso, la Iglesia), porque en vez de brindarles seguridad y alegría, les hemos provocado tristeza y amargura, escándalo y decepción. Y lo peor de todo: ni nos hemos dado cuenta que se han ido y en algunos casos, ni siquiera nos importa, a diferencia de los fieles de las comunidades evangélicas, a quienes hay que reconocerles su preocupación por el hermano(a) que deja de asistir.

La prueba fiel de que hemos comprendido el mensaje, de que hemos encontrado al Señor (o más bien, Él nos ha encontrado a nosotros), es que estamos dispuestos a recorrer el camino de regreso, como los discípulos de Emaús. No tanto los 11 kms., sino cualquier esfuerzo que implique compartir con otros el gozo de la fe.

Todo es posible para el que cree. Jesucristo es capaz de devolver a esas frustraciones, desilusiones y decepciones, lo que algún día fueron: esperanzas.

Que Dios les bendiga

Su hermano, José Jesús Mora

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22 pensamientos en “EL CAMINO DE EMAÚS

  1. Gracias por compartir sus reflexiones, las cuales tambièn me cuestionan en los diferentes roles que me toca desempeñar . El cristianismo que aprendimos del Señor fue el de ser amorosamente proactivos en las acciones hacia nuestros hermanos. “Prediquemos sin predicar” nos dijo la Madre Teresa. La pasividad, el acomodo, la indiferencia,la falta de compromiso, solidaridad y acompañamiento con los que tienen problemas y sufren, hacen que muchos abandonen nuestra nuestras comunidades eclesiales porque no encuentran al Dios que proclamamos en ellas.

      • dios le bendiga mi hno la verdad es que muchos caminamos rumbo a emaus en nuestro diario vivir buscando llevar cargas las cuales nuestro señor jesucristro ya las llevo y las mismas al igual que las conversaciones que solo nos hacen recordar nuestro dolodoso pasado y por lo tanto no podemos ver las bendiciones que dios tiene para nuestras vidas mi consejo es que confiemos en el autor y consumador de la fe y dador de la vida jesucristo bendiciones amen

  2. LINDA Y PROFUNDA APLICACION!GRAX X COMPARTIRLA…
    DEBEMOS VIVIR,PLATICAR Y ACTUAR TODOS LOS DIAS,CON LA CERTIDUMBRE DE QUE UN SER INVISIBLE NOS ACOMPAÑA,ESCUCHA Y EVALÚA CADA PASO DADO X LA VIDA.
    B E N D I C I O N E S !

  3. Pingback: Los números de 2010 « VITAMINAS PARA EL CORAZÓN

  4. gracias !! Una reflexión, muy profunda, muy concreta ,muy entendible, muy aplicable! Gracias!
    con mi marido damos catequesis familiar a los papás, y siempre buscamos material para enriquecer las fichas que nos tocan,Este domingo tenemos que hablar sobre ” EMAUS: EL CAMiNO A LA EUCARISTÍA” y este material nos viene bárbaro. Gracias de nuevo !

    • Muchas gracias por su comentario, Graciela. Disculpe que hasta este día le respondí. Me agradó mucho saber que esta página y las reflexiones les son útiles. Que Dios les bendiga.

  5. Que gran verdad siempre buscamos pretextos para justificarnos y no queremos darnos cuenta que Cristo murio y resucitop por cada uno de nosotros

  6. COMO UN SERVIDOR DE LA COMUNIDAD DE EMAUS EN COLOMBIA NECESITO TODOS LOS DIAS RECORRER EL CAMINO PARA ENCONTRARME CON EL SEÑOR EN LOS HERMANOS MAS NECESITADOS EN Y CONOCER LA PALABRE DE DIOS PARA DARLES UNA VOZ DE ESPERANZA, CONFIANZA EN EL SEÑOR Y COMPARTIR NUESTRO AMOR CON CADA UNO DE ELLOS… MIL BENDICIONES HOY Y SIEMPRE ….ENRIQUE

  7. Es que nos han enseñado que la fe esta en los simbolos, en el templo, en la iglesia. Entonces el hombre no es libre. Cuando le muetras que habitamos en Dios y Cristo esta en nosotros, el hombre brilla con luz propia

  8. He encontrado muchas respuestas,Dios te siga cpmpartiendo su sabiduria,me gustaria recibir mas reflexiones biblicas.gracias

  9. Estas reflexiones son hermosas y nos llegan al corazón, como quisiera ser mejor cada día siguiendo el camino de Dios x medio de obras, oraciones, y amarlo con todo mi corazón, con todo mi ser.Amen…..

  10. necesitaba con urgencia una reflexión Camino a Emaús, me ayuda a entender como acercarme a él ,, muchisimas gracias hno. Dios lo bendiga mucho y le siga dando sabiduría!!

  11. Te felicito hermano es una gran reflexión… me invita a retornar a esa esperanza que solo concede Jesús y también a servir y más que hablar a actuar. Muy acertadas las ideas. Me gusto mucho. Dios te siga iluminando hoy y siempre.

    • Estimado Jorge Alberto:
      Me alegra mucho que la reflexión te haya sido muy útil para fortalecer tu fe y pensar en consecuencias prácticas de la misma. Gracias por tus palabras que me dan mucho ánimo para retomar esta tarea. Dios te bendiga.

  12. Quede sorprendido cuando supe que era católico….yo fui 10 años católico y nunca escuche palabras profundas solo sopitas espirituales eso es lo que les falta o sino la gente se congrega en iglesias protestantes

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