AL CESAR LO QUE ES DEL CESAR, Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS

VITAMINAS PARA EL CORAZÓN

El núcleo del evangelio de hoy es la respuesta dada por Jesús a la insidiosa pregunta de los herodianos y los discípulos de los fariseos: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Es una de las frases más conocidas del Evangelio, pero cuya interpretación no es tan fácil. La historia muestra cómo esa frase ha sido interpretada de forma diversa e incluso distorsionada.

La actitud hostil de los fariseos había sido puesta en evidencia por Jesús en tres parábolas seguidas: los dos hijos, los viñadores asesinos y los invitados a la boda del hijo del rey.

Pasan ahora al ataque y buscan desacreditar a Jesús ante el pueblo o hacerle arrestar por las tropas romanas, proponiéndole una cuestión política que le obligaría a una declaración comprometedora para él, no importa la respuesta que diera.

La pregunta no la hacen los mismos fariseos, sino “unos discípulos de los fariseos, con unos partidarios de Herodes”. Estos jóvenes estudiantes de la ley, que aún no habían recibido el título de rabí, fueron los encargados de proponerle la difícil cuestión; posiblemente con más candidez y menos malicia que los jefes que los habían enviado.

Se dirigen a él cortésmente –“Maestro”- y preparan el terreno adulando su enseñanza, su valentía y libertad, que no se deja impresionar por la posición social de los hombres ni por los riesgos que le pueda ocasionar. Se presentan como israelitas piadosos que tienen un grave escrúpulo de conciencia. El elogio que hacen de Jesús, antes de lanzarle la insidiosa pregunta, subraya la figura de un rabino íntegro, honesto, resistente a todo chantaje.

Después le plantean a Jesús la cuestión espinosa: “¿pagamos o no pagamos el impuesto al César?”, que es tanto como preguntarle ¿nos sometemos o no a la dominación de Roma?

La presencia de algunos herodianos aseguraría la denuncia, en caso de responder negativamente, ya que les parecía lo más probable, teniendo en cuenta la opción de Jesús por el pueblo y que éste odiaba pagar un impuesto que les recordaba constantemente la dominación extranjera. El pueblo, testigo también de la pregunta, se separaría de él si contestaba de modo afirmativo, pues lo calificaría de cobarde.

Esta vez, según sus enemigos, aparentemente, Jesús está “atrapado”. “Perderá, sea cual sea su respuesta”. ¡Qué trampa tan bien pensada!

Para entender correctamente la escena debemos recordar las circunstancias concretas en que vivían los oyentes de Jesús: Israel, un pueblo con tanta historia a sus espaldas, que amaba profundamente la libertad y la independencia de su nación, se encuentra ocupada por las tropas del emperador romano. El signo más visible y más odiado de esta ocupación era el impuesto que debían pagar al César todas las personas, incluidos los siervos; los hombres desde los 14 años, y las mujeres desde los 12, hasta la edad de 65 para todos.

Pagar o rechazar este impuesto tenía para ellos una doble significación: someterse o rebelarse ante la ocupación y someterse o rebelarse ante la pretendida divinidad del emperador. Someterse y pagar significaba abandonar la defensa de la propia independencia y la divinidad única de Yahvé, o reducirlas a puras palabras, ya que, según la concepción antigua general, uno se sometía al régimen en el poder mediante el pago de tributos e impuestos.

Rebelarse y no pagar obligaba a levantarse en armas, y así defender esa independencia y esa única divinidad, teniendo por seguro el enfrentamiento con el ejército romano. La postura de los diversos grupos políticos y religiosos estaba muy dividida.

Jesús adopta, para responder, una “parábola en acción”. Les dice: “Tráiganme una moneda del impuesto”. Cuando se la trajeron, pregunta: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción?”. Le responden: “Del César”. (Mt 22,17-21)

La frase que sigue es una de las más recordadas en el Evangelio: “Pues den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Frase famosa que, a pesar de su claridad no es ninguna receta moral ni mucho menos una fórmula mágica.

“Dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” es entendido a menudo como una respuesta cómoda para hoy día: dos dominios separados; cada uno en su casa, el cura en la sacristía y el político en el Congreso. Incluso, recientemente en pleno apogeo político por la cercanía de las elecciones, esta frase ha sido utilizada por unos y otros a favor de intereses personales o de grupos, cada uno tratando de colocar esta frase a favor de su postura, como si la Biblia fuese un manual más de estrategia política.

La frase de Jesús, dada a quienes pretendían meterle una zancadilla, no fue una respuesta evasiva o diplomática. Tengo la certeza de que ni en aquel momento, ni en el actual, le entendieron al Señor.

De haberlo hecho se hubieran dado cuenta de que su respuesta era mucho más comprometedora que un “sí” o que un “no”. Con el “sí” hubiera enojado a los judíos, con el “no” a los romanos.

Mientras con la respuesta que dio, hubiera tenido que enfurecer más bien a los dos grupos. Porque su frase iba contra esa falsa imagen que tenían los judíos de ver a Dios como un Emperador frente al cual hay que estar en “regla” pagando los tributos como el diezmo, y para los romanos que miraban al César como un dios omnipotente y absoluto. Los judíos regulaban la política con la religión y los romanos la religión con la política.

Jesús no bendice ni rechaza la resistencia política, no legitima ni descalifica la ocupación romana, se limita a señalar que si sus compatriotas aceptan la dominación romana es lógico que paguen el impuesto, que le “devuelvan” al César lo que el César invierte en ordenar la vida pública.

Pero la frase no concluye ahí. Suele olvidarse o minimizarse la segunda parte de su frase, que en realidad, es la más importante. Jesucristo no pretende la división de competencias (lo que es de Dios y lo que es del César), sino que afirma la primacía de Dios porque TODO ES DE DIOS. La consecuencia es que no puede haber en nuestra vida, en nuestras maneras de pensar y de actuar y, concretamente en nuestro comportamiento político-cívico, zonas independientes de nuestra fe, de la exigencia de actuar siempre al servicio de la verdad, de la justicia, del amor, de la libertad, de la igualdad entre seres humanos.

Este es el problema: saber unir dos afirmaciones que parecen contradictorias. Dios, Señor único, pide toda nuestra vida, incluidas también las opciones políticas y el trabajo en la sociedad, sean coherentes con la fe, estén penetradas de ella, sea el motor de actuación de cada uno.

Es grande la tentación de poner a Dios en los argumentos electorales o en las pasiones políticas. Pero la tentación contraria es igualmente mala: intentar evadir todo responsabilidad social. Entonces huimos del amor a nuestros hermanos, porque es en gran parte mediante la acción política como es posible hacer que progrese la justicia social y la calidad de vida.

Permanecer bien cómodos al margen de lo que sucede, elevar muchas oraciones y dejar que en el país la cosas vayan al ritmo de la corrupción, no es ser piadoso. Es ser egoísta, conformista, cobarde e indiferente.

Más que facilitarnos una receta en la relación fe-política, el Señor nos remite a una luz que ya poseemos: esa riqueza que se llama conciencia y sus consiguientes responsabilidades. Fe y política son dos realidades distintas, pero al mismo tiempo inseparables, siempre y cuando se entienda ésta última como la búsqueda permanente del Bien Común, que es el bien general de la Nación.

El principio que se deduce de la afirmación del Señor permite rechazar la separación completa entre la fe y la política, aunque evitando cuidadosamente la amalgama: ningún partido u opción política puede “acaparar” a Dios ni utilizarlo como aval de su ideología, pero todos, políticos o no, tenemos que rendirle cuentas a Él de nuestros actos.

En la respuesta de Jesús, “Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, el acento está cargado intencionalmente en la segunda parte y quita peso a la primera.

La cuestión del tributo pasa a segundo plano, como si Jesús nos dijera: la moneda pertenece al emperador, pero ustedes, todos ustedes le pertenecen a Dios. Pues la moneda lleva impresa la imagen del emperador, pero ustedes llevan la imagen de Dios en su ser más profundo.

Y aunque la imagen y la inscripción pueden desdibujarse, como ocurre con las viejas monedas, que se leen con dificultad, sin embargo, nunca pueden borrarse del todo la imagen de Dios mientras tengamos la oportunidad de volvernos a Él, que en la Encarnación de su Hijo ha unido lo divino y lo humano.

Que Dios les bendiga,

Su hermano, José Jesús Mora

 

 

About these ads

2 pensamientos en “AL CESAR LO QUE ES DEL CESAR, Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS

  1. Jose Jesùs, te saludo y felicito por estas reflexiones. Un gran instrumento en este gran “aeropago”. Valoro el acierto, la conexión siempre nueva del tiempo de Jesús con nuestra realidad, que aparecen en la nota. Un abrazo, en Jesús y María.

  2. Hola José Jesús:
    Agradezco tus reflexiones, por que nos hablan de un Dios que camina con su pueblo, que está dentro de nuestra historia tanto personal como social, pero que necesita de nuestro protagonismo comprometido y responsable en la construcción de estructuras sociales, políticas y económicas más justas, basadas en el respeto a la dignidad de todos y todas, y que es lo que Dios quiere. Creo que es tan acertado cuando tú dices “Permanecer cómodos al margen de lo que sucede, elevar muchas oraciones y dejar que en el país la cosas vayan al ritmo de la corrupción, no es ser piadoso. Es ser egoísta, conformista, cobarde e indiferente”, y comulgo con esto, no somos cristianos cuando callamos o somos indiferentes al dolor o a los problemas sociales, sino más bien es un deber cristiano participar en los procesos políticos y sociales y en algunos momentos oponerse a todas aquellas decisiones que afectan la integridad moral, física, mental de nuestros hermanos, especialmente de los más pobres.
    Nuevamente te felicito, todo el artículo es precioso, y creo que este tipo de pensamiento nos anima a muchos a seguir a Jesucristo en la búsqueda del bien común como tú bien lo señalas.

    Bendiciones.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s